Texto recuperado del archivo histórico. Original fechado el 27 de abril de 2004. Se han corregido erratas, puntuación y algunos aspectos de formato para facilitar su lectura, manteniendo las valoraciones, especificaciones y contexto tecnológico del texto original.

Hace algunos días prometí que hablaría del nuevo teléfono-PDA de Palm o Handspring, según se vea. Creo que es, sin duda alguna, el mejor teléfono inteligente del momento y que sienta todo un precedente en esta clase de aparatos.

Hace algunos días llegó a mis manos uno de esos tan preciados ejemplares del nuevo PDA de Palm, que incorpora avanzadísimas funciones de teléfono, cámara de fotos y el último sistema operativo de Palm.

Con este ingenioso artilugio, más pequeño de lo que parece —11 × 5,5 cm, más 2 cm de antena— y más potente de lo que aparenta, podemos navegar por Internet, recibir e-mails, enviar mensajes multimedia, sincronizar contactos y agenda con Microsoft Outlook, comunicarnos mediante infrarrojos y disfrutar de un largo etcétera de funciones que podremos ir añadiendo a nuestra Palm como haríamos con cualquier otra.

De serie incorpora una pequeña funda, cargador, cable HotSync USB para la conexión al PC, manos libres con cable, manual y drivers.

La batería es de gran capacidad —1.800 mAh— y, según sus especificaciones, garantiza seis horas de conversación o varios días en espera. He de decir que tiene un rendimiento excelente y dura más de lo que podríamos pensar teniendo en cuenta que vamos a hacerla trabajar bastante.

La pantalla del Treo 600, de 5 × 5 cm, es táctil, dotada de una excelente luminosidad que la hace legible en diferentes condiciones de luz y angulación. Su resolución es baja, algo que no es casual ni supone necesariamente un inconveniente si tenemos en cuenta que está concebida también para ahorrar batería.

La operativa y la estética están orientadas a permitir trabajar con el pulgar ya que, sosteniendo el aparato con una sola mano, llegamos a prácticamente todas las funciones del teléfono.

Las melodías son editables y pueden cargarse como archivos MIDI, por lo que la polifonía está asegurada. También podemos desactivar el sonido y utilizar el modo vibrador mediante un pequeño botón situado en la parte superior del teléfono.

Por lo que a la Palm respecta, poco hay que añadir, salvo que para los amantes del sistema Graffiti con stylus —el «boli» que incorpora nuestro Treo para tocar la pantalla— ya no será imprescindible recurrir a él para escribir, puesto que con el teclado QWERTY podremos hacerlo mucho más rápido y mejor que mediante cualquier otro sistema. Las teclas son pequeñas, pero muy «resultonas», si se me permite la expresión.

La cámara de fotos VGA, de 640 × 480, resulta de mucha utilidad siempre que haya suficiente luz y, al sincronizar el dispositivo con el PC, descargará automáticamente nuestras fotografías.

El gestor de correo permite configurar fácilmente cuentas POP, visualizar los mensajes y sus archivos adjuntos y descargar estos últimos únicamente si así lo deseamos. Asimismo, podemos optar por mantener los mensajes en el servidor de correo para descargarlos normalmente desde nuestro PC al llegar a casa o a la oficina.

El navegador es Blazer 3, de nueva concepción, veloz y potente hasta el punto de soportar algunos de los protocolos y tecnologías más difundidos, entre ellos WAP y Javascript.

El corazón del Treo 600 es un procesador ARM, potenciado para favorecer la rapidez de ejecución y la máxima interoperabilidad entre las funciones de voz y datos.

Nuestro modelo integra Palm OS 5, que es el sistema operativo más avanzado de la plataforma en cuanto a funcionalidades y resulta, además, muy intuitivo.

Este binomio ofrece una gran velocidad de proceso, indispensable para gestionar aplicaciones gráficas «pesadas», bases de datos de grandes dimensiones y funciones multimedia como la reproducción de audio y vídeo.

No perdamos de vista, además, que la biblioteca de software desarrollada para la plataforma Palm OS permite hoy elegir entre más de 15.000 programas.

El Treo 600 está dotado también de un sistema de telecomunicación GSM/GPRS y, ¡atención!, cuatribanda —850, 900, 1800 y 1900 MHz—, pensado para poder utilizar el dispositivo prácticamente en cualquier lugar del mundo.

Su capacidad de expansión está asegurada mediante el slot SD, capaz de alojar no sólo tarjetas de memoria, sino también dispositivos de hardware adicionales como, por ejemplo, un receptor GPS para localización vía satélite, Bluetooth o un módulo inalámbrico Wi-Fi.

Finalmente hay que mencionar el precio, que se sitúa alrededor de los 645 euros. Pero no perdamos de vista que un PDA de estas características puede costar unos 450 euros y un teléfono a su altura alrededor de 500. Por ello, una plataforma avanzada como el Treo, que integra en un único módulo cómodo y pequeño las funcionalidades de ambos, merece nuestra consideración.

Y es por eso por lo que me atrevo a decir que su precio no es alto.

Personalmente lo recomiendo de modo especial. Es, sin duda, un gran aparato por el que, desde hoy, podemos empezar ya a hablar de un ayer en los teléfonos de gama alta.

Algunas especificaciones técnicas

Comunicaciones: GSM/GPRS cuatribanda —850/900/1800/1900 MHz—, GPRS clase 10.

Procesador: ARM a 144 MHz.

Memoria: 32 MB, de los cuales aproximadamente 24 MB están disponibles.

Batería: ion-litio recargable, con hasta seis horas de conversación y hasta 240 horas en espera según especificaciones.

Sistema operativo: Palm OS 5.2.1H.

Software incorporado: contactos, calendario, SMS, MMS y mensajería fotográfica, navegador Blazer, cámara y visor de fotografías, lista de tareas, bloc de notas, calculadora avanzada y reloj mundial.

Sincronización: Palm Desktop 4.1 para Windows y Macintosh, HotSync Manager y conexión con Microsoft Outlook en Windows.

Correo electrónico: cliente POP3 incluido.

Dimensiones: aproximadamente 11,2 × 6 × 2,2 cm.

Peso: 168 gramos.

Expansión: SD/MMC y SD I/O.

Cámara: VGA, resolución de 640 × 480.

Otras funciones: teclado retroiluminado, manos libres, vibración, pantalla táctil con stylus, comunicación por infrarrojos, melodías MIDI polifónicas y posibilidad de reproducción MP3 mediante software adicional.

Visto desde 2026

Todavía conservo aquel Treo 600. Y lo más sorprendente, veintidós años después, es que sigue funcionando.

Tenerlo hoy en la mano produce una sensación muy distinta de la que transmitía en abril de 2004. Ahora parece grueso, pequeño de pantalla y extraordinariamente limitado. Entonces ocurría justamente lo contrario. Lo sorprendente era comprobar cuántas cosas habían conseguido introducir en aquel aparato: teléfono, agenda, contactos, correo electrónico, navegación por Internet, cámara, aplicaciones, teclado completo, mensajería y comunicaciones de datos. El atractivo del Treo no estaba en hacer extraordinariamente bien una sola de esas cosas, sino en empezar a reunirlas todas.

En aquellos años me gustaba especialmente probar y analizar de primera mano los dispositivos que iban apareciendo, porque permitían entender hacia dónde estaba evolucionando la tecnología más allá de las especificaciones de una ficha técnica. Publiqué algunas de esas pruebas y, en determinados casos, fueron los propios fabricantes, como este caso de Palm, quienes facilitaron unidades para evaluarlas. Visto ahora, aquellas reviews tienen también un valor documental: permiten recuperar no sólo cómo eran esos aparatos, sino qué nos sorprendía de ellos cuando todavía no conocíamos el camino que acabaría tomando el mercado.

Y ahí es donde este viejo artículo deja de ser únicamente una review tecnológica y empieza a interesarme por otra razón: permite observar la disrupción mientras todavía se está formando.

Cuando hablamos de disrupción desde la distancia resulta muy fácil ordenar la historia. Vemos qué productos triunfaron, cuáles desaparecieron y qué tecnologías terminaron imponiéndose, y el camino parece casi inevitable. Vivirlo en tiempo real es completamente diferente. En 2004 no sabíamos exactamente cómo sería el dispositivo móvil dominante de los años siguientes. Había teléfonos, PDA, cámaras digitales, reproductores de música, navegadores GPS y ordenadores portátiles, cada uno ocupando su propia categoría. Lo significativo del Treo 600 era que empezaba a demostrar que algunas de aquellas fronteras podían desaparecer.

Por eso hay una frase del texto original que hoy me parece especialmente reveladora. Al valorar su precio, lo comparaba por separado con lo que costaban un buen PDA y un teléfono de gama alta. Era perfectamente lógico hacerlo así: eran todavía dos mercados diferentes. La ventaja del Treo consistía precisamente en que comenzaba a cuestionar esa separación. Ya no había que preguntarse cuánto costaba un teléfono y cuánto un PDA, sino cuánto valía llevar ambas cosas —y algunas más— en el mismo bolsillo.

Esa es una de las formas más interesantes en las que actúa la disrupción. No siempre aparece como un producto espectacular que destruye de inmediato todo lo anterior. A veces comienza simplemente eliminando una frontera. Dos categorías que parecían independientes empiezan a converger y, durante un tiempo, seguimos evaluando el nuevo producto utilizando las reglas de los antiguos. Hasta que llega un momento en que aquellas categorías anteriores dejan de ser la referencia.

Es una idea sobre la que he vuelto después al escribir sobre disrupción. Las grandes transformaciones tecnológicas suelen entenderse mucho mejor cuando observamos no sólo qué nueva capacidad aparece, sino qué separación anterior deja de tener sentido.

Está ocurriendo de nuevo con la inteligencia artificial. Durante años distinguimos claramente entre buscador, procesador de textos, software de diseño, herramienta de programación, sistema de análisis, asistente, base de conocimiento o aplicación de atención al cliente. La IA empieza a atravesar todas esas categorías y permite que una misma capa tecnológica escriba, busque, analice, programe, genere imágenes, consulte información y actúe sobre otros sistemas. Todavía utilizamos muchos de los nombres anteriores porque nos ayudan a entender el presente, del mismo modo que en 2004 yo explicaba el Treo sumando un teléfono y un PDA. Es posible que dentro de unos años algunas de esas distinciones nos parezcan tan extrañas como hoy resulta separar físicamente agenda, correo, cámara y teléfono.

Eso no significa que el Treo 600 anticipara exactamente el smartphone actual. Basta ponerlo junto a cualquier teléfono moderno para comprobar la enorme distancia que existe. Tampoco significa que todas las decisiones tecnológicas incorporadas en él fueran las que acabarían imponiéndose. Precisamente ese es otro aspecto interesante de las etapas de transición: contienen simultáneamente ideas que apuntan hacia el futuro y soluciones que terminarán desapareciendo.

El stylus, los infrarrojos, la sincronización mediante HotSync, las cuentas POP descargadas en el dispositivo o la ampliación mediante módulos físicos pertenecen claramente a aquel momento tecnológico. Al mismo tiempo, el correo permanente, la navegación web, las aplicaciones instalables, la cámara integrada, el teclado concebido para responder mensajes y la combinación de voz y datos señalaban hacia una dirección que después resultaría fundamental. El futuro raramente llega completo. Suele aparecer mezclado con mucho pasado.

Hay otro detalle del artículo que hoy resulta especialmente significativo. Dedicaba bastante espacio a la batería y justificaba incluso la baja resolución de la pantalla porque ayudaba a contener el consumo. Veintidós años después seguimos negociando exactamente el mismo triángulo entre prestaciones, potencia y autonomía. La escala ha cambiado de forma extraordinaria; el problema físico continúa existiendo.

Pero quizá lo que mejor resume aquel momento sea la última valoración que escribí: «desde hoy, podemos ya hablar de un ayer en los teléfonos de gama alta». Leída ahora puede parecer grandilocuente. Sin embargo, estaba escrita en abril de 2004, delante del propio dispositivo, sin conocer todavía cómo terminaría evolucionando el mercado.

No decía que supiera cuál iba a ser el futuro. Lo que estaba viendo era algo distinto: que la definición anterior del teléfono empezaba a quedarse pequeña.

Eso es precisamente lo que hace muy interesante estudiar una disrupción mientras sucede. Resulta muy difícil saber quién acabará ganando, qué arquitectura prevalecerá o cuál será el producto definitivo. Pero a veces puede verse antes otra cosa: que una categoría que parecía estable ha comenzado a romperse.

El Treo 600 que todavía guardo es hoy casi una pieza de arqueología tecnológica. Sigue encendiendo y funcionando, pero el mundo para el que fue diseñado prácticamente ha desaparecido. Y ésa quizá sea la mejor demostración de lo que significa realmente una disrupción: no que un aparato envejezca, sino que envejezca el sistema de categorías con el que entendíamos aquello que hacía.