Contexto

En marzo de 2019, Diari de Tarragona publicó este reportaje coincidiendo con la aparición de Familias puntocom. La periodista Glòria Aznar resumía buena parte de la tesis central del libro en un titular especialmente acertado: usar la tecnología con criterio.

El enfoque partía de una posición deliberadamente alejada tanto del entusiasmo acrítico como del rechazo a la tecnología. La cuestión no era impedir que los menores accedieran al mundo digital, sino enseñarles a desenvolverse en él. Defendía -y defiendo- que esa educación debía comenzar en el hogar y apoyarse en virtudes como la prudencia, la templanza, la fortaleza y la justicia, trasladando al entorno digital principios educativos que ya servían para la vida fuera de las pantallas.

El artículo recoge también una idea recurrente en el libro: frente a la vigilancia puramente restrictiva, la mejor protección es una supervisión activa y positiva, acompañada de confianza, reglas claras y presencia de los padres. Incluso se proponía que los menores utilizaran Internet de manera constructiva —creando un blog, un canal o aportando contenido con criterio— en lugar de limitar la conversación educativa al tiempo de pantalla o a la prohibición.

Vista algunos años después, la pieza resulta especialmente interesante porque buena parte de aquel debate no ha desaparecido, sino que se ha ampliado. A las redes sociales, los videojuegos y los teléfonos móviles se han sumado ahora algoritmos generativos e inteligencia artificial. El principio de fondo continúa siendo parecido: la tecnología cambia; la necesidad de formar criterio permanece.