Texto recuperado del archivo histórico. Original fechado el 31 de diciembre de 2005. Se han corregido erratas, puntuación y algunos aspectos de formato para facilitar su lectura, manteniendo las ideas y el contexto del texto original.
No hay éxito sin dedicación. Y la dedicación se descompone en varios elementos de trabajo, entre los que la creatividad es uno de sus componentes indispensables.
La dedicación requiere, a su vez, de una actividad ordinaria, programada y organizada, que los empresarios o emprendedores deben llevar a cabo en su día a día. Es en esta actividad donde deben enfocarse con rigor hacia unos objetivos y unas maneras de hacer que permitirán generar un molde para ese éxito que pretenden acuñar.
Es muy importante tener esto en cuenta porque muchas veces he visto a personas focalizarse de un modo admirable en cuanto al esfuerzo, pero triste en cuanto al fin, en tareas y objetivos tan centrados y aislados que descuidaban un entorno que permitiese un crecimiento estable del éxito.
Si lo comparamos con una planta, diríamos que el éxito que ha de florecer de una semilla que vayamos a plantar requiere de un entorno favorable, compuesto por la suma de muchos factores medioambientales, todos necesarios. La planta necesitará un terreno fértil, un abono a tiempo y dosificado, un tiesto, un riego, una luz, una intensidad, etc. Si alguno de estos componentes falla, fallará irremisiblemente también el objetivo y la planta crecerá mal o, lo más probable, morirá.
Si se pregunta cuáles son los ingredientes del éxito para aplicar a nuestra actividad empresarial, diría que son los siguientes:
Empatía, metodología, creatividad, imaginación, promoción y perseverancia.
La empatía es un estado mental en el que un sujeto se identifica con otro grupo o persona, compartiendo el mismo estado de ánimo. La empatía es un generador de confianza, algo indispensable en toda relación humana y, por ende, comercial.
La metodología se refiere a los métodos de investigación en una ciencia, aun cuando el término puede aplicarse también al ámbito empresarial cuando es necesario efectuar una observación o análisis más riguroso, o explicar una forma de interpretar nuestra empresa, su evolución y su proyección. La metodología, además, nos lleva a generar una actitud de responsabilidad en nuestro quehacer diario y a una disciplina operativa muy necesaria para una empresa y para la consecución de sus objetivos.
La creatividad es el proceso intelectual caracterizado por la originalidad, el espíritu de adaptación y la posibilidad de hacer realizaciones concretas. Permitidme que abunde sólo un poquito más en este punto. Pensemos que la creatividad es un ingrediente exclusivo de la fórmula del éxito empresarial, pero también ha sido un ingrediente muy desdeñado y, en ocasiones, despreciado por la dirección empresarial tradicional.
Cuando me refiero a creatividad, no lo hago desde el punto de vista de la creatividad de producto o de la imaginación en la innovación. Hacerlo sería reducirla a un único ámbito de la dirección empresarial. Antes bien, y como decía más arriba, es un ingrediente esencial en la fórmula del éxito y debe impregnar toda nuestra actividad empresarial.
La creatividad es algo genial en cualquiera de nuestros departamentos empresariales, ya sea en dirección o en recursos humanos, pasando por contabilidad o comunicación. Además, en la creatividad se desarrollan dos grandes ámbitos que van a confluir muy positivamente en el día a día de nuestra optimización empresarial: la innovación y la corrección.
Con una actitud creativa podremos innovar e idear nuevas formas de llevar a cabo nuestra evolución de producto, área o departamento, pero también podremos corregir al tener una disposición imaginativa ante ámbitos y escenarios que ya existan, pero que no se estén desarrollando correctamente, o de los que hayamos aprendido tras un error y podamos, por tanto, crear una solución para él. Con la creatividad podremos, así, innovar y corregir de forma creativa nuevas ideas y errores pasados.
Quisiera mencionar, junto a la creatividad, a la imaginación y, por otra parte, también quiero diferenciarla de ella. La imaginación es asimismo un ingrediente muy importante para nuestro cóctel empresarial de éxito.
La imaginación es la facultad de representarse mentalmente objetos, personas y/o situaciones no presentes en la realidad. Permite a la mente producir imágenes relacionadas con anteriores percepciones. Descartes definió la imaginación como la facultad del intelecto para representarse las cosas sensiblemente, frente al entendimiento, que es capaz de formar ideas claras y distintas.
Una facultad imaginativa presente en nuestra empresa nos permitirá recombinar imágenes mentales de experiencias pasadas en un nuevo patrón o diseño que, junto a la creatividad, dará solución a nuestros planes futuros de innovación y a nuestras correcciones de errores presentes.
La promoción es el conjunto de actividades comerciales que la empresa realiza con el objetivo de incrementar las ventas de un producto durante un corto período de tiempo: regalos, descuentos, ofertas, concursos, etc. La promoción en cualquier empresa va a requerir de su personal la existencia de una virtud muy importante: el coraje.
La empresa debe hacer partícipes a todos sus miembros de sus acciones y suscitar en ellos el desarrollo del coraje necesario para afrontar, decidir y responsabilizarse de sus acciones. El coraje nada tiene que ver con la temeridad, puesto que una actitud temeraria es irresponsable e imprudente y, en cambio, una acción afrontada con coraje es una actitud reflexionada, prudente y capaz.
Y finalmente nos queda la perseverancia.
La perseverancia es soportar el esfuerzo prolongado en el cumplimiento del deber y del bien. Al que se empeña en superar no sólo la resistencia del tiempo, sino también las dificultades que surgen, además se le llama constante. Pero lo más importante en la perseverancia, y no debe olvidarse, es tener una actitud positiva y decidida, ya que resulta indispensable si se quieren alcanzar los objetivos propuestos.
El día a día muchas veces nos haría tirar la toalla, y muchas veces con motivos, pero está probado que perseverar con actitud positiva casi siempre es triunfar finalmente. Y repito lo que decía antes: la perseverancia es un ingrediente indispensable, pero lo es junto al resto de ingredientes, porque a veces una «mala racha» es consecuencia de algo que hacemos mal y el resto de los ingredientes nos llevará, junto a la perseverancia, aguantando y trabajando, a solucionar nuestro «error» para llegar al éxito.
Finalmente, fijaos en el cuadro del éxito y puntuad con nota vuestras actitudes empresariales:
| ACCIONES | Promocional | Creativa | Imaginativa | Perseverante | Empática | Metodológica |
| Promoción | ||||||
| Creación | ||||||
| Imaginación | ||||||
| Perseverancia | ||||||
| Empatía | ||||||
| Metodología |
[Nota editorial de 2026: el documento original termina en este punto. Por la estructura del cuadro, el ejemplo parece destinado a evaluar cada tipo de actividad según los seis criterios anteriores. La lectura sería la siguiente: mis acciones referentes a promoción pueden ser muy promocionales, pero quizá poco creativas o imaginativas; pueden estar bien planteadas metodológicamente, pero carecer de perseverancia o empatía. Del mismo modo podemos analizar cada una de nuestras actividades y puntuar hasta qué punto incorporan los distintos ingredientes de la fórmula. El objetivo del cuadro no es que cada acción destaque únicamente en aquello que le es propio, sino comprobar si en ella están presentes, de una forma equilibrada, el resto de elementos necesarios para favorecer el éxito.]
10. Visto desde 2026
Visto desde 2026
Releer este texto más de veinte años después resulta interesante precisamente porque no habla de tecnología. En otros artículos de aquella época la distancia histórica se hace visible a través de los dispositivos, de Internet, de las bases de datos o de conceptos que entonces comenzaban a entrar en la empresa. Aquí, en cambio, el objeto es mucho más básico: qué capacidades necesita una organización para prosperar. Y eso hace que el artículo haya envejecido de una forma peculiar. Algunas definiciones llevan inevitablemente la marca de su tiempo, pero la tesis de fondo resulta bastante menos antigua que el documento que la contiene.
Lo que más me llama la atención hoy es que la propuesta no identifica el éxito con una sola virtud. La perseverancia, por ejemplo, no sirve por sí sola. El propio texto advierte que una mala racha puede estar indicando que estamos haciendo algo mal y que insistir necesita ir acompañado de la capacidad de observar, imaginar y corregir. Esa idea me parece bastante más importante en 2026 que el esquema casi didáctico con el que la expresaba en 2005. Las empresas viven hoy rodeadas de herramientas capaces de acelerar enormemente su actividad, pero acelerar una dirección equivocada no deja de llevarnos antes al lugar equivocado.
También ha envejecido bien la defensa de la creatividad como una capacidad transversal. En el texto intentaba separarla de esa interpretación, bastante habitual entonces, que la confinaba al diseño de producto, a la publicidad o a aquello que convencionalmente llamábamos innovación. La propuesta era que también podía existir creatividad en dirección, recursos humanos, contabilidad o comunicación, y que una de sus funciones no consistía sólo en inventar cosas nuevas, sino en encontrar maneras distintas de corregir lo que ya no funciona. Esa segunda acepción me parece hoy especialmente relevante.
La inteligencia artificial ha cambiado radicalmente el escenario, pero no necesariamente invalida esa idea; más bien obliga a mirarla de otra manera. En 2005 la capacidad de generar alternativas estaba limitada, en buena medida, por el conocimiento, la experiencia, el tiempo y la imaginación de las personas reunidas alrededor de un problema. En 2026 podemos pedir a una máquina que proponga decenas de enfoques, que analice información, que encuentre patrones o que explore posibilidades en unos segundos. Eso convierte la generación de opciones en algo mucho más abundante. La dificultad se desplaza entonces hacia otro lugar: saber formular el problema, elegir entre las alternativas, comprender el contexto y decidir qué merece realmente hacerse.
Y ahí aparece una curiosa actualidad de aquella lista de seis ingredientes. La metodología cobra importancia precisamente cuando las herramientas son más poderosas; la imaginación sigue siendo necesaria para saber hacia dónde queremos ir; la creatividad ya no consiste únicamente en producir ideas, sino también en seleccionar y combinar adecuadamente las que tenemos a nuestro alcance; y la empatía se vuelve más valiosa a medida que una parte creciente de la interacción empresarial puede automatizarse. Incluso la perseverancia necesita hoy un matiz que el propio artículo, de algún modo, ya contenía: perseverar no significa repetir indefinidamente lo mismo, sino sostener el esfuerzo mientras somos capaces de revisar lo que hacemos.
Hay, por supuesto, partes que han envejecido más. La definición de promoción como un conjunto de acciones destinadas a incrementar ventas durante un período corto refleja una concepción mucho más limitada que la que utilizaría hoy. La construcción de marca, la reputación, la distribución digital, las comunidades, los buscadores, las plataformas y ahora también los sistemas de inteligencia artificial han convertido la visibilidad empresarial en una actividad continua y mucho más compleja. La promoción ya no es simplemente algo que una empresa activa alrededor de un producto: forma parte de la arquitectura permanente mediante la cual consigue ser encontrada, comprendida y considerada.
No recuperaría este artículo porque contenga una predicción extraordinaria. No la contiene. Lo recuperaría porque permite observar una continuidad bastante más interesante: antes de que la inteligencia artificial pudiera hacer tantas cosas por nosotros, el problema de fondo ya era cómo combinar método, imaginación, creatividad, capacidad de relación y constancia para dirigir una empresa. Veinte años después contamos con instrumentos incomparablemente más potentes, pero seguimos teniendo que decidir qué hacer con ellos. Y quizá ésa sea precisamente la parte de la fórmula que ninguna tecnología puede resolver por completo.
